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I
  
Los minutos pasaron lentos, Dan seguía cada segundo con el tictac del reloj, los días siempre eran monótonos y con el paso de cada uno de ellos se daba cuenta de lo que realmente significaba la eternidad.  Aún no era mediodía, pero ya habían pasado media hora desde que bajara Leonard. Se puso de pie. Subió las escaleras, pero antes de entrar a la habitación le echó una última mirada a su compañero; estaba recostado en el sillón con el brazo cubriéndole el rostro, estaba en uno de sus normales estados de ensoñación, decidió terminar rápido para volver con él. Le preocupaba que cada vez con más frecuencia se dejara llevar de esa manera. Hasta el punto que parecía no notar lo que pasaba a su alrededor.
Al abrir la puerta se encontró con los mismos rayos de luz, con los que se había topado Leonard, cruzando la habitación de un extremo al otro. Carraspeó y esperó que la muchacha de levantara de la cama, pero no hizo ningún movimiento. Golpeó la puerta con los nudillos, pero tampoco reaccionó. La muchacha estaba tendida en la cama, se veía pálida. Dan se preocupó, talvez se había desmayado y no se estaba recuperando como pensaban. Puso un pie dentro de la habitación, enseguida noto el calor del rayo de luz a través del cuero de la bota, lo retiró. Observó con cuidado. Por donde mirara estaban esos finos rayos de luz cruzando la habitación. Tendría que hacerlo con rapidez. Suspiró y volvió a mirar a Leonard, seguía tendido en la misma posición, si no supiera que era imposible diría que se había dormido.
Entró en la habitación con rapidez, cubriendo su rostro con un brazo, llegó a las cortinas y las cerró de un tirón. Se quedó ahí un momento. Suspiró aliviado, no se había quemado en lo absoluto. Fue junto a la cama, la muchacha seguía tendida allí, no parecía mover un músculo, pero Dan podía oír perfectamente la acompasada respiración de la joven. Se acercó y le tomó la temperatura, al sentir la mano fría en la frente la muchacha despertó.
—Así que aún continuas viva — le dijo Dan cuando abrió los ojos.
La muchacha se quedó inmóvil, no había sentido entrar al vampiro. La mano fría la había despertado, además le parecía extrañamente familiar la situación.
—No tienes fiebre —dijo retirando la mano—  ¿te desperté, cierto?
Eva asintió con la cabeza. Continúo en silencio, sabía que era el mismo vampiro con el que había despertado anteriormente, pero no se sentía amenazada, ni asustada como cuando despertó la primera vez. Por otro lado, la familiaridad con la que la trataba le parecía extraña, aunque no le molestaba en lo absoluto.
—Bueno, si no piensas hablarme tendré que hablar yo —comenzó el vampiro acercándose a la mesa y prendiendo la vela—; ambos tenemos un objetivo en común y es mejor que nos ayudemos mutuamente.
Dan clavó sus ojos en los de la joven buscando una señal de asentimiento. Eva sintió la mirada y se sobresalto ¿tenían un objetivo en común? Claro que si, el objetivo era Jacques. Si los vampiros lograban llegar a Jacques también llegarían al nido.
—Es cierto —murmuró Eva—,  pero no los ayudaré a menos que me digan porque buscan el nido.
Dan reflexionó un momento, si tenían que confiar en ella tendría que empezar ahora. Se acomodó en el borde de la mesa.
—No es ningún misterio que el hombre es un ser social y por lo tanto los vampiros también lo somos, aunque no de la manera convencional —explicó el vampiro—; ni Leonard ni yo contamos con las respuestas sobre nuestra especie y después de algunas décadas la curiosidad es insoportable.
Eva se fijó mejor en el vampiro. Parecía joven, pero seguramente era mucho mayor y todas esas décadas de las que hablaba seguramente eran muchas. Comprendió a lo que se refería, pero no estaba convencida.
—Realmente ¿sólo por eso buscan el nido? —  preguntó escéptica.
—Sí, sólo por eso —respondió Dan—: Cuando cuentas con tiempo ilimitado y mucho tiempo libre comienzas a preguntarte por el origen de todo esto. ¿Acaso no lo haces tú?
Era cierto, desde que había sabido sobre vampiros se había preguntado que eran y de donde venían. Sin embargo nunca le preguntó a Jacques, aunque ganas no le faltaron.
—La verdad es que hace varios años que me lo pregunto —reconoció Eva— ¿pero no tienen otro tipo de interés en el nido?
Dan sabía a lo que se refería la muchacha y sus temores. Estaba preocupada por la seguridad del vampiro que amaba.
—Nos interesa saber lo que ellos nos puedan contar o mostrar sobre nosotros mismos, no nos interesa armar revueltas, aunque los conflictos a veces son inevitables.
La joven se quedó pensando, antes de irse a Jacques le preocupaba algo y le aseguró que no podía llevarla por su propia seguridad. Un conflicto dentro de su nido había sido la razón.
—¿Cooperaras con nosotros, Eva?
Su nombre en los labios del vampiro le pareció extrañamente agradable.
—No tengo otra alternativa ¿o si? —  dijo la joven con resignación.
—La verdad es que no —reconoció sonriendo el vampiro—: ninguno de nosotros.
—¿Y que es lo que tengo que hacer? — preguntó la muchacha.
—Por ahora descansa, más tarde te traeremos algo para que comas y al anochecer te llevaremos  a tu casa.
—¿Pero como voy a explicar que desaparecí un día entero?
—Dos días — aclaró el vampiro.
—¡Dos días! —exclamó sorprendida— ¡me deben estar buscando en todo Londres a estas alturas!
Eva se levantó de la cama y comenzó a pasearse angustiada por la habitación.
—Si me llevan a casa pensaran que ustedes me secuestraron, los detendrán y descubrirán, no pueden llevarme, tengo que ir sola.
—No te preocupes por eso —dijo el vampiro tratando de tranquilizarla—; anoche Leonard fue a la ciudad y arregló todo. Tus cercanos creen que te encontramos desmayada en la calle y que te llevamos a una casa hasta que te recuperaras, les aseguró que hoy al anochecer volverías sana y salva.
Eva se detuvo y miró perpleja al vampiro.
—¿Y esperaban que me transformara en vampiro y después volviera a casa como si nada?
—No —señaló Dan con tranquilidad— hubiésemos esperado a que pasara el revuelo para que no llamara demasiado la atención el hecho de que dejaras de trabajar en el hospital.
—Lo tenían todo planeado antes de que me despertara —dijo Eva ceñuda—. Me siento... me siento manipulada
Dan rió, se levantó y se acercó a la muchacha, la tomó por lo hombros.
—Nadie te ha manipulado —le aseguró—, pero teníamos que hacer algo contigo, la idea original era sólo devolverte a tu casa sin que sospecharan lo que realmente te había pasado y olvidarnos de ti, pero luego nos revelaste que conocías a otro vampiro y eso cambió todo.
Eva sentía las manos frías en sus hombros, el vampiro giró y se puso a sus espaldas, ella sólo se dejó guiar hasta la cama y se sentó.
—Ahora descansa y si necesitas algo, avísanos.
—Gracias —murmuró Eva de pronto.
—¿Gracias por qué? —preguntó Dan sin entender.
—Por cuidarme.
La muchacha se había dado cuenta porque el rostro del vampiro no le daba miedo y sabía porque no le parecía extraño el contacto con el vampiro. Él había estado cuidándola cuando estuvo enferma. Él ya se lo había dicho, pero estaba tan desconcertada por todo que no se había dado cuenta de lo que realmente había significado que ambos vampiros la cuidaran, era como haber metido a un par de gatos en la jaula del canario.
—De nada —respondió el vampiro dirigiéndose a la puerta—, pero te puedo pedir un favor.
—Claro —dijo—: si es algo que este a mi alcance.
—Sí,  lo esta, es sólo que preferiría que no abrieras las cortinas, si más tarde quieres salir al jardín te llevaré, pero por ahora...
Eva dirigió instintivamente su mirada a las cortinas, estaban cerradas. Ella las había abierto antes de quedarse dormida ¿quien las había cerrado entonces?
—¿Tú las cerraste? —Interrumpió y sin esperar la respuesta agregó— creía que el sol les hacía daño.
—Es cierto, pero tendríamos que permanecer horas expuestos al sol para que nos matara.
—Entiendo. No las abriré, después de todo no hacen mucha diferencia —  dijo sonriendo.
—Gracias ¿me llevo esto? —  preguntó Dan mirando la bandeja intacta del desayuno.
La muchacha miró avergonzada la bandeja sin tocar, no quería que el otro vampiro se sintiera mal ya que había preparado para ella.
—Es que...
—No importa —respondió el vampiro—: esto no es muy comestible después de todo ¿o si?
Eva hizo una mueca en señal de asentimiento.
—Veré si puedo hacer algo diferente —dijo Dan—,  aunque no soy buen cocinero.
—Yo puedo cocinarme —señaló la joven—; si me permiten bajar, claro.
Debieras descansar, creo que puedo hacerme cargo — respondió el vampiro.
—Pero...
Dan tomó la bandeja, la cubrió con la servilleta y luego fue a la puerta, estando allí volteó.
—Puedes bajar si quieres. Leonard esta abajo, talvez quieras conversar con él mientras yo cocino — le dijo.
—Claro —respondió la muchacha, no se perdería la oportunidad de hablar con un vampiro—,  pero te repito que yo puedo cocinarme sola.
—Será mejor que traigas la vela, está oscuro abajo — dijo Dan ignorando sus protestas.


II

Eva tomó la vela y cuando volteó el vampiro ya había dejado la habitación. Caminó cuidando de no tropezarse con nada, aunque no hacía falta, las escaleras estaban a un par de pasos de su habitación. Acercó la vela a las escaleras tratando de ver al vampiro, pero no estaba. Tuvo la impresión de que la casa estaba completamente vacía. De pronto una docena de luces centellaron. Se detuvo confundida. En un momento todo estuvo iluminado, en el techo una lámpara de araña y en las paredes varias lámparas más pequeñas habían sido encendidas. Pudo ver entonces en donde se encontraba.
La casa era antigua, las paredes eran altas y de madera, sin embargo lo suficientemente grande y lujosa como para ser de alguna familia adinerada que pasaba los veranos allí. Las escaleras daban a un espacioso vestíbulo, en el cual estaba amueblado a modo de sala de estar con dos grandes sillones, un par de mesas pequeñas y un gran reloj de péndulo. Eva se fijó en la aparatosa araña que colgaba del techo mientras bajaba las escaleras. Una figura alta y grácil se movió junto a uno de los sillones. Eva dirigió su mirada a la figura y lo que vio la dejó inmóvil.
Leonard la esperaba escaleras abajo. Los reflejos de la luz en sus ondulados cabellos rubios y la blancura de su rostro hacían que el vampiro presentara una figura etérea y difusa.  Lo único que escapaba a este efecto, a pesar de reflejar la luz igual que el cabello, eran sus ojos color ámbar.
—Me dijo Dan que tendría el placer de su compañía
Eva se sentía aturdida por la visión del vampiro. Sus cabellos y ojos dorados, la luz reflejándose en su níveo rostro, sus labios curvados en una tenue sonrisa, la bondad de su mirada. Era hermoso. Poseía una belleza masculina singular. Era grande e imponente, pero reflejaba la mansedumbre de un león dormido. Parecía desprender una aura dorada a su alrededor. Trató de concentrarse en lo que le había dicho, no recordaba ningún intercambio de palabras entre los vampiros.
—No escuché cuando se lo dijo —  señaló la muchacha.
—Me lo dijo antes de irse a la cocina —indicó el vampiro—. Me dijo que me haría compañía mientras él esta ocupado.
—Ya veo —dijo la muchacha cuando hubo llegado junto a uno de los sillones—,  así que tienen una forma especial de comunicarse.
Leonard le hizo un gesto para que tomara asiento, la muchacha obedeció.
—Es la misma que la del resto de los seres humanos —dijo sentándose a su vez en el sillón más próximo a él—, aunque adaptada a nuestros sentidos que son más agudos.
Eva se imaginó el fugaz intercambio de palabras entre los vampiros, de forma rápida e inaudible para los humanos comunes.
—Entiendo... —  murmuró sin comprender del todo, pero segura de que era cierto.


III

Por más que lo intentaba no podía dejar de mirar al vampiro, seguía cada uno de sus movimientos y eso no la dejaba concentrarse. La sensación la hacia recordar la primera vez que vio el rostro de Jacques. Sentía una incapacidad de prestar atención a cualquier otra cosa que no fuera él. Debía pensar en otra cosa.
—No sé su nombre —dijo de pronto Eva—. Su amigo me lo dijo, pero no logro recordarlo.
—Es cierto, no me he presentado correctamente —señaló el vampiro poniendo se de pie y haciendo una reverencia—. Mi nombre es Leonardo Lanzón. Nací en Italia, aunque mi madre era Viena, de ella heredé el color de mi cabello y ojos, como se dará cuenta. Puede llamarme Leonard como lo hace Dan si lo prefiere señorita Elliot
—Ya recuerdo, Leonard y Dan —murmuró la joven—. No es necesario que me llame señorita, puede llamarme Eva a secas, no me molesta.
—Está bien —aceptó el vampiro—. Es un lindo nombre: Eva, creada de la costilla de Adán y desterrada del Edén al comer del fruto prohibido.
—Desterrada por desobedecer las reglas —señaló la joven—  e intentar dejar de ser ignorante.
—Es cierto —admitió el vampiro—, aunque esa no es una forma muy tradicional de interpretar la Biblia.
—No soy muy adepta a la religión — admitió la muchacha.
El vampiro la miró con sorpresa.
—Pensé que la aristocracia valoraba mucho la religiosidad, por eso de la salvación de las almas.
—La nobleza es la cabeza de la iglesia aquí en Inglaterra, manejan la religión a su antojo. Por otro lado no me preocupa la salvación de mi alma haciendo el bien que la iglesia señala.
—¿A que se refiere? — preguntó el vampiro.
—Ya se habrá dado cuenta de que no soy inglesa de nacimiento —respondió la muchacha—. De donde provengo no tenemos la misma idea del bien y el mal que tienen aquí.
En efecto hacía un tiempo que ambos vampiros se habían dando cuenta de que los orígenes de la muchacha no eran ingleses, su rostro, su cabello rojo, todo en ella indicaba ser de una tierra más al este, de Irlanda.
—¿Y cual es su idea del bien y de mal?
—No, no es sólo la idea de bien o mal. De donde yo provengo no todo es blanco o negro, no todo es feo o bonito, bueno o malo, de donde yo vengo existe una tercera alternativa, un tercer camino.
El vampiro permaneció en silencio, ¿una tercera alternativa?
—¿Se refiere a una alternativa intermedia? Blanco, negro, gris — señaló algo confundido.
—No, por supuesto que no. Me refiero a una tercera alternativa completamente distinta de la primera o segunda. A un tercer punto de vista. Nada de grises.
La idea aun no estaba clara para el vampiro, no se podía imaginar algo que no fuera bueno o malo y que no fuera intermedio.
—Eva captó la confusión de Leonard
—Dígame Leonard, cuando se alimenta de alguien ¿es eso bueno o malo?


IV

—“El vampiro siempre se había preguntado que hay detrás de este misterioso don” —solía decir su maestro—. Mientras para unos es un asesinato horrible y ven en cada muerte un nuevo paso hacia la condena eterna, para otros es la forma que tienen de limpiar el mundo alimentándose de criminales.”
Muchos vampiros recibían la sangre como un inesperado regalo; sentían en sus manos la urgencia de purificar sus almas mediante el sacrificio de pecadores aún peores que ellos, criminales que asesinaban por placer y no para alimentarse. Y muchos otros creían que ya estaban condenados y que por lo tanto más o menos muertes no los salvarían.
El vampiro sintió una punzada de dolor al recordar las palabras de Ruinard. Trataba de evitar recordar lo que había aprendido de él, pero cada palabra de lo que alguna vez le dijo le había quedado grabada en su memoria y no podía, entonces, sino sentir una triste amargura cada vez que las recordaba.
Leonard hacía tiempo había dejado de preguntarse si era buena o mala la forma que tenían de vivir. Justamente dejó de preguntárselo después de que Dan se alimentase por primera vez como vampiro. Había visto al muchacho muy tranquilo cuando dejó el cuerpo caer entre sus manos y no parecía tener ningún tipo de remordimientos por matar a aquel campesino, se preguntó si su vástago no habría realizado fechorías peores antes de ser transformado. Cuando Leonard no pudo soportar más la incertidumbre se lo preguntó.
—“¿Qué son para ti todas estas muertes? ¿Crees que te vas a condenar? ¿Que Dios te perdonara? —Preguntó el vampiro de pronto­— ¿Qué crees Dan? ¿Por qué parece que no sintieras nada cuando matas?”
Dan se le había quedado mirando entonces, reflexionó un momento y después le respondió.
—“Es cierto que vengo de una familia creyente —respondió el muchacho con tranquilidad—, talvez me este condenado con estas muertes, pero si estamos en esta tierra y Dios nos creó o si somos una invención del demonio, al cual también creó Dios junto con todo lo demás,  es porque como todo lo demás en el mundo también nosotros somos necesarios. No voy a convertirme en ningún castigador de almas corruptas, ni me voy a lamentar de mi nueva condición, Leonard. Sólo voy a ser lo que tengo que ser.”
Eva miró al vampiro, aún esperaba una respuesta.
—Y... ¿es bueno o malo? — preguntó nuevamente la muchacha.
Leonard enarcó las cejas.
—Es... necesario —  respondió vacilante.
Eva lo miró con el rostro iluminado.
—Esa es su tercera alternativa. Dan y usted no matan por que sea bueno o malo, ustedes matan porque es necesario.
La idea quedó rondando en la mente de Leonard y las tres palabras se repetían inquietas una y otra vez: bueno, malo, necesario, bueno, malo, necesario...
El vampiro se levantó con pereza del sillón.
—Bueno, creo que ya lo entendí. Aunque más bien me parece una justificación débil —dijo paseándose por el vestíbulo—: como el artista que deja a su familia para dedicarse a la pintura aludiendo que morirá si no lo hace, para él también es necesario, mejor dicho imprescindible —se detuvo frente  a la muchacha—. Sinceramente no me convence esa tercera alternativa.
—Eso es porque esta acostumbrado a pensar dualmente —respondió Eva con una sonrisa—: Como los caballos que son obligados a mirar hacía el frente desde potrillos y con el tiempo se olvidan de que pueden ver en otras direcciones.
Leonard pareció reflexionar un momento como si estuviese considerando la idea.
—Creo que estas conversaciones son más del tipo de Dan —reconoció de pronto— como usted dice al parecer yo ya no veo en otras direcciones.


V

Desde un pasillo y como atraído por las risas entró Dan.
—Veo que se lo están pasando bien — dijo.
—Así es —reconoció Leonard—  ¿tú que opinas?
La muchacha giró hacia donde sintió acercarse la voz.
Si bien estaba logrando acostumbrarse al espectáculo que resultaba Leonard en la sala iluminada. Eva no estaba preparada para ver a Dan a la luz. No lo había estado cuando vio por primera vez a Jacques ni cuando Leonard la saludó escaleras abajo, y aunque ya había visto su rostro y sus vivaces ojos cobalto, aún así no pudo evitar quedar muda ante la aparición. La impresión que le causó Leonard fue de una sagrada admiración, como un ángel: grande, bondadoso y dorado. Un ser etéreo e intangible. Sin embargo Dan parecía todo lo contrario: poderoso, inteligente y carnal, pero irradiaba pureza. Era todo un ser fastuoso. Su lustroso cabello negro que caía desordenado sobre su frente, su intensa y limpia blancura, su andar elegante y despreocupado, su rostro de formas angulosas, aunque suavizadas por la juventud y los pálidos labios, todo esto la fascinó de sobremanera, pero lo que realmente la cautivó fueron sus vivaces ojos azules. Con tal cantidad de luz se destacaban aún más, eran como el color del cielo después de una lluvia de primavera o como el mar en verano. Por otro lado había inocencia en su mirada, lo sintió cercano, como si se conocieran desde siempre.
El vampiro se fue a parar junto a su compañero y el contraste fue evidente, Leonard parecía rodeado por una aura dorada y calida, sin embargo Dan daba la idea de una aura blanca y fresca. La calidez del sol y la frescura del mar juntos en la misma habitación. La sonrisa calida y amable de Leonard contrastaba con la seria expresión que Dan adoptaba sin darse cuenta, parecía severo y sin embargo sus ojos decían lo contrario.
—He oído algo sobre las triadas celtas y debo reconocer que el pensamiento trino me parece muy interesante.  Algo parecido a “la doble verdad en tres niveles” creo.
—Eso, a eso es lo que me refería — dijo la muchacha asintiendo enérgicamente con la cabeza.
Leonard se desplomó en el sillón.
—La verdad es que ahora entiendo menos que antes —dijo el vampiro— ¿como puede haber una doble verdad en tres niveles? La verdad es una sola.
Dan se apoyó en el borde del sillón, se llevó una mano a el rostro y se tocó el mentón
—Creo que puedo explicarlo mejor —dijo—: el pensamiento celta concibe al ser humano, como cuerpo, alma y espíritu, y al mundo habitado, como la tierra, el aire y el mar. Dentro de este pensamiento existen las triadas que son un corpus de leyes, costumbres y sabiduría que sirven para regular la vida de las comunidades.
El vampiro continuaba mirando a su compañero con profunda incomprensión.
—Pensé que hablábamos de irlandeses.
—Sí —respondió Dan— de eso hablamos, Recuerda que los celtas se expandían hasta la isla que ahora es Irlanda. 
—Creo que un ejemplo de las triadas lo ilustraría mejor — sugirió Eva.
Ambos vampiros asintieron.
—Tres cosas difíciles de obtener: fuego frío, agua seca y codicia legítima—  dijo, luego agregó—. Tres cosas sin las que no puede haber nada bueno: verdad, valor y generosidad.
—Lo que las triadas dicen son verdades tan ciertas unas como las otras —dijo el vampiro— ¿Cómo es posible el fuego frío? ¿Cómo lo es el agua seca? Está tan ligado el calor al fuego, como lo está el agua de la humedad y como lo está la codicia de lo ilegitimo.
Leonard asintió ligeramente.
—Lo mismo pasa con la segunda —explicó Eva—: la verdad, el valor y la generosidad son principios reconocidos por el sentido valórico que tienen, según la tradición las personas buenas son las que dicen la verdad, tienen valor y actúan de forma generosa, por lo tanto nada malo puede estar ligado a estas tres virtudes.
—Ahora entiendo las triadas, pero el pensamiento trino aún me suena a argumento rebuscado.
—Creí que ya lo habías comprendido —Dijo Dan pellizcándose el mentón nuevamente—. El tres no sólo es un numero sagrado para los el pueblo de los druidas, encierra un significado más allá ligado a la idea que tratamos de explicarte, la tercera alternativa no es algo entre la primera y la segunda, sino una nueva, distinta y completa en sí misma, tan distinta de las otras dos como lo son el cielo, la tierra y el mar.
—El pensamiento dual segrega lo que nunca debió estar dividido —Agregó Eva—: el pensamiento trino une lo visible con lo invisible, el tiempo con lo eterno, lo humano y lo divino. No es un pensamiento que sólo se adquiera si se lo estudia, hay que sentirlo, hay que vivirlo.
—¿Como es entonces que aún sobrevive? Jamás antes de hoy oí hablar de semejante idea —dijo Leonard.
—La concepción de un mundo con ideas polarizadas fue traída por los romanos: antes todo era distinto, pero a su llegada no sólo conquistaron la tierra. Hubo un proceso de cambio enorme, no solamente el estilo de vida, también el lenguaje y el pensamiento. El pensamiento dual se instaló y desplazó al original de este lugar, pero les aseguro que no logró instalarse de forma permanente en los irlandeses, aunque si lo lograron aquí, haciéndose llamar pensamiento occidental, aunque el verdadero, el original de todo el pueblo celta es el que sobrevive en las leyendas y tradiciones de los pueblos que aún las conservan como en el que yo nací.
Al terminar Eva la habitación quedó en silencio. Ambos vampiros miraban a la muchacha. Una amplia sonrisa se dibujó en los labios de Leonard.
—Cuanta pasión —dijo—. Me gustaría tener algo en lo que pudiera creer con tanta efusión como lo hace usted.
La muchacha se sonrojó. Dan continuaba mirándola sin decir palabra, pero sus ojos expresaban la misma admiración que Leonard, haciéndola abochornarse aún más. No lograba hacerse a la idea que ese par de seres tan magníficos pudieran admirar el entusiasmo que sentía por sus raíces.
De pronto ante la mirada de Eva, Dan desapareció. La muchacha sólo logró sentir una leve brisa que sacudió la coleta de Leonard, este apenas cambió de expresión al ver desaparecer a su compañero.
—Se olvidó de la comida —señaló— volverá enseguida.
Comprendió entonces que el vampiro no había desaparecido, sólo se había movido a tal velocidad que ella no fue capaz de verlo
—Otra adaptación — pensó en voz alta.
—Así es—  dijo Leonard pensativo, luego agregó con una indescifrable sonrisa —  ¿Cree usted que el pensamiento trino se pueda adaptar a nosotros?
La pregunta no sorprendió a la muchacha, talvez hasta había estado pensando en lo mismo. Se le vinieron a la memoria varias triadas que hacían referencia a obedecer las leyes de la naturaleza ¿Qué eran las leyes de la naturaleza para los vampiros? ¿Era ir en contra de la naturaleza responder a los instintos?
—Talvez no haya necesidad —respondió—, talvez ya están incorporados en las historias de Erin, entre sidhes o los Tuatha de Dannan, quien podría saber si los primeros vampiros no fueron considerados divinidades. Talvez hasta los ángeles cristianos fueron sólo visiones de alguno de ustedes.
Leonard observaba asombrado. Dan había vuelto llevaba una bandeja que dejó en una mesa junto al sillón en el que se encontraba la muchacha.
—Sinceramente, nunca escuché a nadie hablar de tal forma sobre las religiones —  señaló Dan sonriendo—: a lo largo de esta conversación ya te has referido a la iglesia católica, la anglicana y hasta a los dogmas de los druidas.
—Eso pasa cuando los cimientos en los que se basa la fe de una persona son remecidos de la manera en la que fueron remecidos los míos —dijo Eva sonriendo—, además después de todo en ninguna religión me ha dado las explicaciones que quiero, para las iglesias ustedes son demonios, pero no logro ver un sólo resquicio de maldad en ninguno de los dos.
—Que hay de las personas que matamos, de la forma en la que nos alimentamos. Somos asesinos, nos place beber sangre ¿acaso eso no es maldad? — señaló Dan con tranquilidad.
—Como ya dije la iglesia sólo llama maldad lo que no les conviene a sus propósitos —respondió la muchacha—, que hay de la Guerra Santa, las guerras religiosas, toda esa sangre derramada por la conveniencia de algunos, no por necesidad. Además no fue Jesús quien llamó a sus discípulos a beber su sangre “tomad y bebed todos de el, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros” metáforas o no, esta escrito.
—Y lo escrito es ley ¿no? —agregó Dan sonriendo irónicamente— que importa lo que esta escrito, después de todo, cada cual lo interpreta según le parezca.
—O según le convenga — añadió Eva.
—Vaya si están en lo cierto —señaló Leonard—, pero por ahora dejemos la plática hasta aquí, primero porque apenas si logro entender lo que están hablando y segundo porque me parece que ya es hora de que la señorita Elliot coma algo.
Leonard buscó con la mirada la aprobación de su compañero, este ya estaba acercando la bandeja a Eva.
—Muchas gracias —dijo la muchacha—, pero pueden llamarme Eva a secas, no hace falta tanta formalidad.
Leonard sonrió en señal de asentimiento.


VI

El resto de la velada transcurrió con igual calma. No sólo retomaron el tema una vez Eva hubo acabado de comer, sino que también platicaron sobre la, en aquella época, reciente revolución, sobre las experiencias de la muchacha Waterloo y el hospital entre otros. Eva además de quedar fascinada con los rostros y gestos de los vampiros, también lo quedó con los puntos de vista nuevos y distintos que habían descubierto a lo largo de los años y los argumentos que blandían para defenderlos. Entre los vampiros se sintió escuchada, parte de algo, para ellos no corrían las ideas sobre diferencias entre hombres y mujeres, sólo la diferencia entre lo humano y lo sobrenatural, idea que a Eva no compartía y que discutió con efervescencia, pero que fue olvidado y reemplazado rápidamente por Leonard. Parecía que el interés que podía tener en un tema se desvanecía tan rápidamente como aparecía otro. Dan solo movía pacientemente la cabeza cada vez que lo hacía y Eva no le quedaba otra opción que sonreír. Se hubiese quedado conversando con ellos días enteros. Por primera vez en años se sentía completamente aceptada.



VII

El día se acababa. La habitación estaba apenas iluminada y a pesar de que las cortinas estaban descorridas, la oscuridad era casi total. Eva tomó la su abrigo y se lo puso. Se había pasado la mayor parte de la tarde conversando con sus fascinantes nuevos amigos y poco se había acordado de que en la ciudad la estaban esperando. Le hubiese encantado quedarse con ellos un poco más, talvez llevarlos a su casa y ofrecerles alojo allí, pero sabía que era imposible. Simplemente le bastaba el hecho de saber que cuando comenzaban a sentirse hambrientos el color de sus ojos pasaba, del que fuera que tuviesen, a un color rojo intenso. Lo había notado en Leonard, aunque él tratase de ocultarlo y darle poca importancia, sin embargo Dan se había mostrado impasible en todo momento. Tal vez el tenía un mejor control o no tenía la misma necesidad de sangre que tenía su compañero, poco importaba después de todo ya que no aceptarían una invitación de ella ni de nadie más.
La muchacha tomó la única vela que iluminaba la habitación y comenzó a bajar las escaleras, ahora estaba completamente oscuro, apenas lograba ver algo a un par de metros de ella. Recordó la sorpresa al ver a Leonard a la luz, se había quedado petrificada y luego al ver a Dan, otra vez lo mismo. Pensó en Jacques, nunca lo había visto a la luz de la forma en la que vio a estos dos vampiros, seguramente se quedaría muda como lo le pasó en esta ocasión. Pero no podía quejarse, ella conocía su rostro, lo había visto y desde ese momento no pudo evitar sentirse doblegada ante la intensidad de sus mirada, no pudo olvidarse de el tampoco y a medida que lo fue conociendo un  arduo sentimiento se comenzó a gestar en ella, a pesar de lo molesto que ese afecto le resultara a Jacques en un principio.
Llegó a la puerta, Dan le había dicho que lo esperara arriba, que el volvería a buscarla, pero se había demorado y un carruaje ya esperaba en la puerta. Leonard saltó sonriente a su encuentro en cuanto la vio salir de la casa.
—¿Dónde esta Dan? —  preguntó.
—No lo sé, me dijo que tenia que ir a buscar algo, pero no ha vuelto — dijo Eva tratando de no lucir preocupada.
—¿Hace cuanto de aquello?
—Veinte minutos —respondió la muchacha—,  no parece estar en la casa.
—Vaya, eso es mucho tiempo para Dan, pero no te preocupes, ya se lo que debe estar haciendo — dijo con la misma sonrisa.
No le pareció conveniente preguntar que estaba haciendo, aunque se imaginó que  probablemente estuviese alimentándose. Subió al carruaje, era cómodo y tibio, sentía una particular sensación de libertad. Aunque pensándolo bien había estado sintiendo aquella sensación durante todo el día, como si sus ropas se hubiesen hecho más holgadas. Se lo atribuyó al efecto de estar en cama dos días. Tuvo que dejar de lado sus cavilaciones ya que Dan estaba en la puerta del coche. Ya había regresado.
—Disculpa, pero, como te dije, tenía que ir a buscar algo —  se excusó incomodo.
En efecto, sostenía un paquete de forma irregular entre sus manos, Eva no pudo evitar sentir curiosidad, creía que los vampiros no sentían ningún tipo de necesidad extra que no fuera sangre ¿Por que necesitaría ese paquete?
Leonard subió también al coche. Saltó al asiento del chofer, en realidad. La muchacha trató de no pensar en lo que le habría pasado al verdadero chofer. El vampiro movió ligeramente las riendas y los caballos comenzaron a trotar a paso regular. Eva se fijó en el hecho de que los caballos parecían saber hacia donde dirigirse y  por donde pisar y aunque el camino era de tierra el andar era bastante más suave que cualquiera que hubiese hecho en las mismas condiciones. No sólo eso la sorprendió, sino que también el hecho de que los caballos no se encabritaran cuando los vampiros se acercaron como lo habían hecho con Jacques alguna vez.


VIII

Dan le repetía las precauciones que debía tomar una vez que hubiesen llegado, le preguntó cual sería su explicación a todo lo que había pasado si alguien le preguntaba, repitió obedientemente la misma explicación que antes le había hecho memorizar. El vampiro parecía satisfecho, aunque se veía nervioso. Ella también estaba ansiosa, pero era a causa del paquete que el vampiro llevaba.
Por sobre el ruido de los cascos de los caballos y las ruedas se escuchaba el alegre canto de alguien. Eva se concentró en la letra, era una tonada que por aquellos días había escuchado a menudo, pero tenía un ritmo diferente, más rápido. Agudizó mejor el oído para oír de donde venia el sonido, Dan interrumpió su monologo cuando se dio cuanta que no era él al que la joven oía, agudizó el oído también y una sonrisa se formó en sus labios.
—Canta más fuerte Leonard — le dijo—  tienes público.
—La muchacha se sonrojó avergonzada.
—Discúlpame. Me distraje sin querer.
—Esta bien, yo estaba exagerando —señaló el vampiro mirando el techo—, yo también creo que es mas divertido escuchar cantar a Leonard.
—Está bien — respondió Leonard desde el asiento del chofer y comenzó la misma tonada desde el principio y lo suficientemente fuerte para que Eva pudiese escucharlo sin necesidad de esforzar el oído.
El resto del viaje fue tranquilo, lo único que interrumpía el silencio fueron las canciones que entonaba Leonard, estas eran tan variadas y cambiaba tan rápido el vampiro de una a otra que Eva no lograba enterarse bien de que trataban. Esto incluía el idioma, podía pasar de una canción de marinos italiana a una aria francesa tan abruptamente que ella apenas se percataba de que había comenzado una nueva canción sólo cuando ya no lograba seguir las palabras extrajeras que no conocía.
A la hora de andar logró ver las luces de la cuidad, no se encontraban a más de media hora de ella. Había pensado que estaban más cerca ya que Leonard sólo se había demorado algo más de dos horas en regresar. Hizo un cálculo mental, si estaban a una hora y medía de Londres y teniendo en cuenta el tiempo para tomar el carruaje seria más de tres horas y media, no le calzaban las cuentas, él se había demorado menos. Luego se dio cuenta en donde estaba en error de cálculo. No había tomado en cuenta la velocidad de Leonard, él era mucho más rápido sin un carruaje que con uno. Probablemente no se habría demorado más de media hora en llegar corriendo a la ciudad y buscar un carruaje. Agradeció el hecho de que se habían tomado la molestia de viajar así de lento sólo por ella.


IX

Al llegar a West End, Leonard guardó silencio. Avanzaron por las calles hasta llegar a la entrada de la mansión Elliot. Dos personas esperaban allí, el ama de llaves: la Señora Wood y su esposo Gustave, el chofer. Eva esperaba que el señor Hocking, su abogado, estuviese presente. Ciertamente la estimaba desde que se conocieron, incluso antes de que la familia Elliot muriese él ya le había tomado cariño y ella también a él. Había sido él quien la había defendido y apoyado en cada una de sus extravagantes decisiones después de que tomara el control de la fortuna que heredó. Le sorprendió no encontrarlo, aunque seguramente había una explicación, se convenció.
Leonard detuvo el carruaje, bajó y abrió la puerta para que bajaran la joven y el vampiro. La señora Wood corrió a ella cuando la vio bajar, la abrazó y la sometió a un feroz escrutinio con la mirada, como si eso pudiese revelarle algo de lo que le había pasado.
—¿Se encuentra bien señorita? —preguntó fijando sus preocupados ojos en los de ella.
—Sí, estoy bien, Polly —  Estos caballeros me cuidaron y me trajeron a casa.
El ama de llaves miró a los vampiros, si se sorprendió ante la palidez y suavidad de los rostros, no lo demostró. Mantuvo la mirada severa, claramente no confiaba en ellos. Gustave por su parte se acercó a los salvadores de la dueña de la casa y les tendió la mano en señal de agradecimiento.
—Muchas gracias por traer de vuelta sana y salva a la señorita Elliot — dijo mientras estrechaba la mano enguantada de Leonard.
—Ha sido un honor para nosotros —respondió Leonard—; gustosos la ayudaríamos las veces que fueran necesarias.
—Gracias Leonard —dijo Eva—, para mi ha sido una placer conocerlos, estoy muy agradecida por la ayuda que me brindaron. Fue una suerte que ustedes me encontraran cuando me desmayé. No se que habría pasado si no hubiesen estado caminando por allí esa noche.
Dan sonreía satisfecho, Eva y Leonard estaban actuando según lo acordado.
 —Ya nos tenemos que marchar —interrumpió el vampiro—: Leonard y yo tenemos asuntos que atender.
La joven asintió con pesar.
—Muchas gracias por todo —dijo Gustave mientras los vampiros se dirigían al carruaje—. Por favor vuelvan pronto. El señor Hocking también va a estar muy agradecido cuando regrese y va a querer agradecerles en persona.
—¿Viajó? —Preguntó Eva—  No me dijo nada.
—Fueron asuntos urgentes, él no quería viajar —explicó la señora Wood—, le dije que si no los atendía usted se iba a enfadar.
—Partió anoche, después de que el caballero hablara con él explicándole que usted volvería esta noche — dijo Gustave señalando a Leonard.
—Ya veo —murmuró Eva— ¿Dónde fue?
—Francia —respondió el chofer—; dijo algo sobre unas cajas y algo sobre una carga de té, yo no se señorita. El señor Hocking habla muy raro últimamente, todo es carga, desembarcos, rupias, florines, ducados y libras yo ya no entiendo lo que dice.

—Está bien Gustave —señaló Eva— cuando regrese me contará el motivo de su viaje.
—Entonces nos vemos —dijo Leonard—. Volveremos en un par de días para visitarla.
—Me encantará —respondió la muchacha—, serán bienvenidos a la hora que quieran.
El ama de llaves censuró con la mirada semejante atrevimiento de la señorita, invitar hombres a cualquier hora no era decente ni en su época ni en ninguna.
Antes de subirse al coche Dan sacó el paquete del interior, Eva se había olvidado del paquete, ahora que lo veía volvía a sentir curiosidad.
—Esto es tuyo —señaló el vampiro entregándole el blando bulto con una sonrisa tímida—, pero te recomiendo que no lo abras hasta que estés sola.
La señora Wood siguió atentamente las palabras de Dan, le echó una mirada furibunda, haciéndole entender que lo que había dicho era un atrevimiento.
Eva ignoró las silenciosas protestas del ama de llaves y agradeció a Dan el presente.
—No es ningún presente —aclaró el vampiro sintiéndose incomodo—, y te pido disculpas de antemano por lo que encuentres allí adentro.
La muchacha estaba en ascuas, no entendía nada.
Los vampiros subieron finalmente al carruaje, a los pocos segundos se perdieron en la densa niebla que estaba cayendo sobre la ciudad.


X

Eva subió a su cuarto, pero antes la señora Wood la obligó a tomar una sopa, aun así no se separó en ningún momento de su paquete. Cuando estuvo finalmente a solas lo abrió. Al principio le pareció que sólo era una especie de vestido blanco, algo hecho de muselina. Luego lo revisó mejor: era ropa interior. Se sonrojó ¿Por qué el vampiro le daría ropa interior? Lo dejó en la cama tratando de explicarse que significaba aquello, la observó con cuidado, los bordados y  los cortes le parecían conocidos, entonces se dio cuenta que eso no era solo ropa interior, era su ropa interior, la que se supone estaba usando en esos mismos instantes. Se revisó y comprobó que no la llevaba. Esa era la sensación de desahogo que sentía antes y ella no se había dado cuenta, ni siquiera lo había hecho al ir al baño. Se sentó en la cama avergonzada y rabiosa, al hacerlo una nota cayo de entre el envoltorio.

Estimada Eva:

Lamento haberte desvestido y quitado tu ropa interior, pero mientras tuviste fiebre sudabas tanto que fue necesario.
Antes de que despertaras me preocupé de lavarla y secarla para que no oliera mal.
A pesar de lo que esto puede suponer quiero que sepas que ni Leonard ni yo nos aprovechamos de ti de ninguna manera mientras estuviste inconciente, así que no tienes de que preocuparte. Tienes nuestra palabra.

Atte.

Dan

PD: No intentes comunicarte con nosotros. Yo mismo lo haré si fuese necesario.

XI

—¿Crees que se enfade cuando se dé cuenta de lo que había adentro? —preguntó Leonard.
Dan suspiró pesadamente.
—¿A que te refieres?
—Tú sabes a que me refiero —  lo instigó el vampiro.
Ya habían devuelto el carruaje en el que transportaron a Eva. El chofer parecía bastante feliz por la cantidad de dinero que había recibido por el arriendo y les despedía desde la puerta de su casa. Dan se adelantó a su compañero sin preocuparle que el chofer de pronto lo viera desaparecer.
—Tranquilo Dan. Ya habrá tiempo para que se le olvide — lo alentó Leonard a sus espaldas mientras comenzaba a entonar una canción.
—Eso espero — murmuro.

1 comentarios:

Maria de los Angeles Rincon Garcia dijo...

Wow! Me encanta esta historia... Algo diferente y por eso es que me llamo la atención...�� tienes que seguirla por favor... Si la sigues yo la leeré hasta el final��